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Ciclos y truenos

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Ya pasaron 9 meses lo que me hace pensar en un embarazo y, por lo tanto, en los ciclos. Me cuesta creer que han pasado 9 meses y al parecer lo único que di a luz fue la vesícula que me la extirparon la semana pasada. No se trata entonces de un embarazo como tal sino de lo que en el fondo es un embarazo, un ciclo.  En mi vacaciones me he dado cuenta de eso, de cómo lo que sucedió el año pasado (4 muertes) fueron los marcadores de un punto de inflexión para los cambios que se han estado generando en mi vida fueron al fin al cabo, el resultado de algo que se venía gestando desde hacía mucho tiempo. Claro, mi año pasado fue trágico era más bien lógico que mi vida cambiara un tanto. Sin embargo, mis estancia en Bogotá me ha mostrado de una manera un poco más clara, transparente como el agua, que siempre hay una gran variedad de ciclos en la vida, que se abren y se cierran, todo el tiempo. Un movimiento constante, como el del agua.  Estuve viendo fotos de mis 27 años de...

"You have brains in your head, you feet in your shoes"

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A veces creo que la vida es una gran mentira y que los seres humanos simplemente se han inventando todo, intentando darle explicación a lo que sucede en el mundo sin entender nada. Es un intento de darle un sentido a lo que sucede en el mundo y, en consecuencia, lo que sucede en nosotros mismos, por eso la psicología junto con otras disciplinas (sí, la psicología es una disciplina) ha construido una serie de conceptos que dan cuenta de aspectos subjetivos pero sustentados en componentes bioquímicos, dentro de los cuales están las emociones.  Ahora bien, en el duelo las emociones que más salen a relucir son las que la gente mira con desprecio sin entender que son igual de necesarias que las que elogian. La tristeza y la rabia son en realidad catalizadores del proceso del duelo y, por lo tanto, son tan necesarias como la alegría. Son catalizadoras en cuanto nos movilizan, al sentir tristeza o rabia, siento las ganas de moverme, hacia donde sea, como sea y moverme y, como he ...

Bogotá

Dentro del duelo está reconocer los lugares, re-conocer, volver dónde fuimos felices, fuimos tristes, fuimos serios, fuimos alegres, fuimos buenos y fuimos malos; los lugares donde simplemente fuimos. Volver y sentir que ya no están y nunca estarán. He hecho el duelo a la distancia de esos lugares y aún no he hecho esa parte de la tarea, pero llegó la hora.  En una nueva casa veo las cosas de mi papá, que en realidad hubiera podido dedicarse a decoración de interiores porque tenía muy buen gusto. Veo a mi papá en el sofá donde se sentaba todos los días a leer el periódico, veo a mi papá y hermano en la mesa del comedor, creo que incluso he llegado a oír un "Caro". Los veo, los oigo pero no los puedo tocar. Por más falta que hagan uno se va acostumbrando a su ausencia, nuestra cotidianidad compartida se ha vuelto más solitaria y silenciosa.  La verdad creía que mi hermana y mi mamá estaban mejor de lo que las encontré. En la cara se les ve la tristeza y cómo poc...

Timbraron y no abrí

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Hace poco me encontré a mi misma, como quien se encuentra una mancha café en la camiseta, hablando mal de alguien y no solo mal, sino con rabia. Fue el momento en que me di cuenta que no he perdonado y de lo necesario del perdón para poder ser realmente resiliente. Este momento me dió vueltas en la cabeza en las últimas semanas aunque por su dimensión y peso existencial hice caso omiso, pero si quiero hacer las cosas bien debo prestarle atención.  Primero que todo es importante saber que no existe el perdón , es decir, no es uno son muchos perdones. El perdón no llega a la puerta a timbrar y, si lo hiciera, no creo que abriría pues han venido a timbrar 3 o 4 veces desde mediados de junio y quién sabe qué querrían (si realmente necesitaran algo timbrarían más o gritarían, o quién sabe porque la gente por acá es cada vez más rarita). El punto es que el perdón no llega de la nada, es tan difuso y complejo que no es tan fácil categorizarlo como sí lo he hecho con mayor facilidad...

Mi hogar soy yo

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El dolor es en definitiva inherente a la vida, nos duele los huesos al crecer, nos duele la herida que se hace el meter el dedo en una lata de leche condensada intentando no desperdiciar ni una gota, nos duele cuando nos rompen el corazón, cuando nos rompemos a nosotros mismos y claramente duele cuando perdemos a las personas que más amamos. Duele, sí y mucho, pero el sufrimiento es opcional.  Opcional. Lo digo como si fuera la experta pero en realidad fue algo que alguien (o muchos alguien) me ha dicho y es por eso que escribo hoy. Puedo pasar por el duelo a través del dolor pero no del sufrimiento. Hay una diferencia importante entre estas dos formas. La primera consiste en hacer un ejercicio consciente del proceso, de las lágrimas, los triunfos y transiciones que conlleva, para después sobreponerse. La segunda es en simplemente seguir mi vida anclada al dolor. Ante el duelo, se puede usar el dolor como una palanca para ser realmente resiliente y cruzar el arduo camino aun...

Los caminos de la vida

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Las palabras son hoy mi puente con la realidad. Palabras escritas más que habladas porque la soledad se ha ido acentuando, como si las personas se escurriera de mis manos, tal como se escapa el agua al intentar atraparla. Bueno, lo que pasa no es que se escapen entre los dedos, me he dado cuenta que yo misma he cerrado el grifo, y en ese sentido me he cerrado a las personas. Con cada dificultad, obstáculo o malentendido cierro el grifo, como si con eso interara evitar todo lo malo. Como si con eso pudiera no sufrir ante el sufrimiento de las rupturas de cada día . Después de mi última crisis, que se puede leer en mi entrada anterior, me he vuelto a parar, como siempre lo hago ante cada caída. Me he esforzado por hacer las cosas no bien, sino diferentes, por abrirme a puertas del entendimiento que la racionalidad occidental no alcanza. La justicia, la vida, la muerte y hasta el amor son cuestiones que no se pueden entender por completo desde la mera razón, pues si es así que ...

Tánatos

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Tánatos  Han pasado varias semanas sin escribir. Hay infinitas razones (excusas) para justificarlo pero hay dos que me parece que son las importantes, o por lo menos, las verdaderas: una se llama tánatos y la otra es el miedo. Cada vez que pensaba o sentía la necesidad de escribir, surgía o me inventaba una nueva necesidad que supliera la primera, algo así como la pirámide de Maslow. Esta invención de “necesidades” absurdas la hacía con mal genio, porque sí, soy brava, pero últimamente me invade una ira, un instinto de destrucción que me ha costado sobrellevar. Tánatos era, en la mitología griega, la personificación de la muerte, así como para Freud era la pulsión de muerte, que se contrapone a la vida, eros. Eros y Tánatos, dos caras de una misma moneda. Tánatos me ha acompañado en mis ultimas semanas, me he encontrado a mi misma odiando al dios en el que no creo, cuestionando a quienes hablan de justicia, riéndome de quienes, con ingenuidad, creen en un amor absolut...