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Se acabó el 2020

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Se acabó el 2020. ¿En qué momento empezó? Cuando empezó ya se ha terminado y acá estamos básicamente en las mismas pero en circunstancias diferentes. Sí, sé que no dije nada en esa frase porque no tiene sentido, todo es para decir que cada vez entiendo más eso que dicen los espirituales de que el tiempo no existe. Nuestro crecimiento personal es atemporal, hay hechos (otros dirán milagros) que nos ahorran años de trabajo en un instante.  Cuando el tiempo colapsa se producen cambios a niveles inconcebibles. No, no me he fumando ningún porro, simplemente le estoy dando la oportunidad a creer en algo más allá de mi mera existencia, crear sentido, tener un propósito mayor. Llevo dos años buscando muy dentro de mí, quién soy, pero sobretodo quién quiero ser. Ha sido muy jodido porque nunca he sido una persona fácil.  Nuestra personalidad emerge de la combinación de genética y experiencias de vida que forjan nuestra identidad y, por lo tanto, nuestro ego. Es en esta medida que desar...

Una maleta en el comedor

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  DOS AÑOS En el comedor de mi casa hay una maleta llena de ropa de mi papá. Casi dos años y nadie se ha atrevido a preguntarle a la ropa ¿dónde está el cuerpo que habitaba esas camisas, pantalones, sacos?. Abrir la maleta es abrir la caja de pandora, saldrán los recuerdos compartidos a recordarnos que estamos solas. Saldrán esos recuerdos como dementores, se sentirá frío, solo, triste. La ropa no sabe qué ha pasado, está prisionera en esa maleta por nuestro miedo a enfrentar nuestro dolor. Dos años en los que no se le ha dado ninguna funcionalidad, salvo recordarnos que aún tenemos un camino por recorrer en el duelo. Aún tenemos enfrentamientos pendientes con la muerte que arrasó con lo que Éramos, con mayúscula. Pobre ropa debe estar triste. Yo ya he aceptado mucho de lo que ha pasado, aceptamos, aceptamos, aceptamos. A simple vista parece que la aceptación es pasiva pero es todo lo contrario. Aceptar implica un enfrentamiento el berraco con la realidad y esa realidad es que mi ...

Bye, bye

La existencia, tan nuestra porque sin ella somos nada en realidad no es nuestra. La existencia nos habita, nos toma como un préstamo e invade cada uno de nuestros instantes. La existencia llega a su plenitud justo en el momento de la muerte, porque es justo en ese momento en el que todas las posibilidades del ser se extienden en un solo instante, se extienden hacia el infinito y desaparecen.  Ha pasado más de un año y, con esto que escribo hoy, doy por terminado mi blog. Intento racionalizar el tiempo y dar cuenta de todo lo sucedido en estos 14 meses, pero no lo logro. El proceso de duelo es inconmensurable, sobrepasa los límites de la consciencia. Las fronteras cronológicas de mis recuerdos se diluyen cuestionando, en algún sentido, mi hoy y ahora. Aún después de todo este tiempo, me pregunto “¿en qué momento?’”.  Un momento, un nefasto instante que se ancla al río del tiempo y, por lo tanto, no se puede individualizar y separar de todo lo que ocurrió previam...

Madrid, again

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Me encuentro nuevamente al otro lado del océano, deseando con todas mis fuerzas estar al lado de mi mamá y mi hermana. La soledad que se había hecho mi amiga, mi compañera, hoy me traiciona un poco, quién sabe si es por celos. Esos malditos celos. Han sido sólo algunos días pero se han hechos eternos en medio del jet lag, falta de oficio y entrenamientos.  Hoy siento que la tristeza se ha ido transformando, es decir, tenía días tristes como hoy en los que mi papá y mi hermano me hacían falta y dolía mucho. El dolor quemaba. Siento, hoy, que la tristeza es ahora más profunda porque viene acompañada de aceptación, es llorar con la certeza que ya no los volveré a ver. Cuando hay una tormenta en el mar se siente la fuerza del agua, así como con una tormenta interior se siente el dolor, pero cuando el mar se calma se logra ver la profundidad del océano, los animales y plantas que lo habitan. Es por esto que considero que ahora mi emociones son más profundas en tanto he ...

Ciclos y truenos

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Ya pasaron 9 meses lo que me hace pensar en un embarazo y, por lo tanto, en los ciclos. Me cuesta creer que han pasado 9 meses y al parecer lo único que di a luz fue la vesícula que me la extirparon la semana pasada. No se trata entonces de un embarazo como tal sino de lo que en el fondo es un embarazo, un ciclo.  En mi vacaciones me he dado cuenta de eso, de cómo lo que sucedió el año pasado (4 muertes) fueron los marcadores de un punto de inflexión para los cambios que se han estado generando en mi vida fueron al fin al cabo, el resultado de algo que se venía gestando desde hacía mucho tiempo. Claro, mi año pasado fue trágico era más bien lógico que mi vida cambiara un tanto. Sin embargo, mis estancia en Bogotá me ha mostrado de una manera un poco más clara, transparente como el agua, que siempre hay una gran variedad de ciclos en la vida, que se abren y se cierran, todo el tiempo. Un movimiento constante, como el del agua.  Estuve viendo fotos de mis 27 años de...

"You have brains in your head, you feet in your shoes"

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A veces creo que la vida es una gran mentira y que los seres humanos simplemente se han inventando todo, intentando darle explicación a lo que sucede en el mundo sin entender nada. Es un intento de darle un sentido a lo que sucede en el mundo y, en consecuencia, lo que sucede en nosotros mismos, por eso la psicología junto con otras disciplinas (sí, la psicología es una disciplina) ha construido una serie de conceptos que dan cuenta de aspectos subjetivos pero sustentados en componentes bioquímicos, dentro de los cuales están las emociones.  Ahora bien, en el duelo las emociones que más salen a relucir son las que la gente mira con desprecio sin entender que son igual de necesarias que las que elogian. La tristeza y la rabia son en realidad catalizadores del proceso del duelo y, por lo tanto, son tan necesarias como la alegría. Son catalizadoras en cuanto nos movilizan, al sentir tristeza o rabia, siento las ganas de moverme, hacia donde sea, como sea y moverme y, como he ...

Bogotá

Dentro del duelo está reconocer los lugares, re-conocer, volver dónde fuimos felices, fuimos tristes, fuimos serios, fuimos alegres, fuimos buenos y fuimos malos; los lugares donde simplemente fuimos. Volver y sentir que ya no están y nunca estarán. He hecho el duelo a la distancia de esos lugares y aún no he hecho esa parte de la tarea, pero llegó la hora.  En una nueva casa veo las cosas de mi papá, que en realidad hubiera podido dedicarse a decoración de interiores porque tenía muy buen gusto. Veo a mi papá en el sofá donde se sentaba todos los días a leer el periódico, veo a mi papá y hermano en la mesa del comedor, creo que incluso he llegado a oír un "Caro". Los veo, los oigo pero no los puedo tocar. Por más falta que hagan uno se va acostumbrando a su ausencia, nuestra cotidianidad compartida se ha vuelto más solitaria y silenciosa.  La verdad creía que mi hermana y mi mamá estaban mejor de lo que las encontré. En la cara se les ve la tristeza y cómo poc...