Nostalgia

Creo que he llegado a una edad donde la nostalgia pasó de ser algo esporádico a ser una constante. Miro hacia atrás y veo una familia diluida en el tiempo; una parte se la ha llevado la muerte, la otra se la ha llevado la decisión de no seguir en contacto. Lugares en el espacio-tiempo que solo quedan en mi memoria: la finca de mi abuelo, la casa de mis abuelos, navidades, vacaciones con mis hermanos y mis primos. Recuerdos felices, llenos de ingenuidad y, por eso, siento alegría y compasión con esa niña que no sabía lo que la vida le traería, tanto lo bueno como lo malo. 


A veces, incluso, la nostalgia llega ante imaginarios fantasiosos en los que veo a mi papá como abuelo de mi hija y a mi hermano como tío y padre. En estas situaciones, la nostalgia es fugaz y se ve reemplazada por el dolor del duelo, una punzada en el pecho y el calor de las lágrimas sobre mis cachetes. El dolor me trae inmediatamente al presente, en donde no están ellos siendo abuelo y tío. El proceso de duelo no solo está en el pasado sobre la vida que tuvimos, las personas que fueron, las personas que fuimos con ellos, sino que también hacemos el duelo de la vida que pudieron haber tenido. No solo es importante entender esto, de igual modo entender que el que nos duela lo que no está no significa que no estemos agradecidos por lo que tenemos; las dos cosas son posibles incluso al mismo tiempo. 


La nostalgia a la que nos invita el mirar el pasado puede traer culpa por lo que hicimos o no hicimos en su momento, pero no podemos culpar a nuestro yo del pasado con información que tenemos en este momento. Sí, cometemos errores y debemos pedir perdón a nuestros muertos y personas a quienes hayamos hecho daño, pero también debemos aprender a perdonarnos a nosotros mismos porque creo firmemente que la culpa es una emoción que nos puede corroer por dentro y disminuirnos. Es acá donde podemos tomar acción cuando nada más está en nuestro control. 


El duelo puede colorear los recuerdos y volverlos azulados o amarillos, incluso una mezcla entre los dos; el azul usualmente está relacionado con la tristeza y el amarillo con la alegría. Saber que se mira al pasado con nostalgia desde un presente que más pronto de lo que creemos será pasado también. Desde el presente podemos agradecer lo que se tuvo, extrañar lo que no, y decidir cómo queremos vernos en el futuro. 



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